Siempre fui muy patosa pero realmente no sé en qué aspectos de mi vida, posiblemente en todos. Si había un balón/pelota/y/o/objeto punzante a un kilómetro a la redonda, había un 80% de posibilidades de que me golpease, y créanme, estoy siendo optimista. Por lo demás, nunca me consideré (ni me considero) una persona normal en el estricto sentido de la palabra; normal: que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano y yo nunca llegué a encajar (aún dudo si algún día llegaré a encajar en algún sitio...) con nada ni con nadie. También había partes positivas, claro, tenía (y sigo teniendo) una gran imaginación y me pasaba los días en mi burbuja soñando despierta, cuando algo no me gustaba, estaba enfadada o simplemente quería desconectar me encerraba ahí dentro horas y horas escuchando la versión acústica de wonderwall. era muy amplia pero solo había hueco para una persona, y tenía vistas a las nubes para poder pasar el rato viendo las estelas de los aviones que dejaban unos dibujos de lo más curiosos plasmados en el cielo azul, imaginando dónde irían los pasajeros, y tramando alocadas historietas sobre sus vidas. pero lo que yo desconocía, era que esas burbujas que de tantos malos ratos me habían logrado distraer no eran del todo mágicas e irrompibles como yo creía, con el paso de el tiempo, y de los años dejan de ser seguras. un día, no hace mucho, la mía explotó y aún desconozco porque. quizá sea porque los problemas aumentan proporcionalmente con la edad o porque ya estaba harta de que me pasase allí los días y las noches sin hacer nada - ¡esto no es un hotel! - me llegó a decir en más de una ocasión.
hasta ahora, cuando me he caido (no en el sentido físico de la palabra), me refugiaba en ella y a bases de tiritas, sonrisas y mucho chocolate conseguía levantarme. al principio las caídas eran leves, un bordillo, un escalón, pero con el tiempo comenzaron a ser muchísimo más graves, un segundo piso, la azotea de la discográfica Apple en el centro de Londres... y así se suceden, una tras otra y no sé cómo me voy a levantar.
(oh, suena muy a lo 'ana torroja' resacosa cantando hoy no me puedo levantaaar (8), el fin de semana me dejó fataaaaaaal(8); pero no, ójala fuese solo una resaca y un fín de semana alocado.)
